Estudios demuestran…

17 07 2009

Últimamente cuando voy a comprar ya no sé si estoy en un supermercado o en una farmacia. Las galletas bajan la tensión, la leche previene infartos de miocardio o anginas de pecho, los cereales curan el estreñimiento y los yogures las gripes… Hoy en día es difícil encontrar un producto que no lleve en el etiquetado alguna frase que indique sus beneficios para la salud: todo es “sin colorantes ni conservantes”, “rico en calcio”, “cardiosaludable”…

Vivimos una auténtica fiebre por los “alimentos funcionales”; los que supuestamente aportan algún beneficio para la salud, reducen el riesgo de aparición de determinadas enfermedades o adelgazan. Todos queremos vivir más y estar guapos y delgados, y éste es el nuevo filón que han encontrado las empresas de la alimentación para forrarse bien el riñón a nuestra costa.

Y aquí lo de menos es que el alimento sea beneficioso o no para la salud mientras el publicista de turno sepa vendérnoslo como la panacea universal con estrategias tan sucias que es imposible no indignarse al ver los anuncios.

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