Estudios demuestran…

17 07 2009

Últimamente cuando voy a comprar ya no sé si estoy en un supermercado o en una farmacia. Las galletas bajan la tensión, la leche previene infartos de miocardio o anginas de pecho, los cereales curan el estreñimiento y los yogures las gripes… Hoy en día es difícil encontrar un producto que no lleve en el etiquetado alguna frase que indique sus beneficios para la salud: todo es “sin colorantes ni conservantes”, “rico en calcio”, “cardiosaludable”…

Vivimos una auténtica fiebre por los “alimentos funcionales”; los que supuestamente aportan algún beneficio para la salud, reducen el riesgo de aparición de determinadas enfermedades o adelgazan. Todos queremos vivir más y estar guapos y delgados, y éste es el nuevo filón que han encontrado las empresas de la alimentación para forrarse bien el riñón a nuestra costa.

Y aquí lo de menos es que el alimento sea beneficioso o no para la salud mientras el publicista de turno sepa vendérnoslo como la panacea universal con estrategias tan sucias que es imposible no indignarse al ver los anuncios.

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Lo que algunos se meten en la boca.

20 04 2009

Aunque pueda parecerlo por el título, en esta entrada no vamos a hablar del guión de algunos recientes estrenos del cine español, ni tampoco de la clase de casting que han pasado algunos para salir en esas películas, aunque algo sí que tiene que ver con el cine.

Supongo que todos recordais esa escena de la película Indiana Jones y el Templo Maldito en la que había un banquete compuesto de delicias como escarabajos o sesos de mono. Cuando la vi por primera vez no podía creerme que alguien comiese cosas tan asquerosas y lo atribuí todo a la malvada y sionista imaginación de Steven Spielberg, pero ya se sabe que la realidad supera a la ficción más veces de las que nos gustaría.

Así que hoy os ofrezco aquí una lista de las comidas más repulsivas (los adalides del multiculturalismo me van a poner a parir en los comentarios) que una mente humana ha podido concebir. Siempre me pregunto lo que pasaría por la cabeza del primer ser humano que intentó comerse una de estas cosas, porque a mí no me cabe en la cabeza que alguien se pueda meter algo así en la boca por mucha hambre que tenga.

Nattou:

Si cocemos semillas de soja y posteriormente dejamos que una bacteria llamada bacillus natto las fermente,  nos saldrá esa apetitosa pasta pegajosa que se puede ver en la imagen. Tanto su olor como su sabor son descritos como “peculiares” y “pocos adaptados al paladar occidental”, lo cual quiere decir que apesta bastante y sabe a rayos. Eso sí, es sanísimo porque tiene mil nutrientes esenciales y una enzima que disuelve los trombos de la sangre. Esta genialidad ha salido de la mente de los japoneses, e incluso allí le da asco a más de uno y fuera de Tokio no es habitual su consumo.

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